Mi Experiencia

A continuación unas palabras de uno de nuestros más recientes Q.·. H.·. sobre su experiencia en la iniciación:

Llegar antes de tiempo y tener que esperar. Me encontraba entonces a unos pocos minutos y unos pocos metros del final de una búsqueda, que en realidad significa los primeros pasos de un nuevo comenzar.

Luego el temor a la oscuridad (como si nunca hubiera estado en ella), aliviado por la apacible voz guía que, a pesar de desconocida, sabía proveniente de un caballero libre de buenas costumbres.

Unos minutos a solas, reflexionando. Pude quitar la venda de mis ojos, solo para contemplar símbolos que me recordaron que la venda sigue ahí, y que permanecerá a menos que de mi libre voluntad luche contra tal ceguera. Allí respondí unas preguntas que, más que reflexivas, me parecieron la prueba de lo que hasta ahora he aprendido, como un examen final.

Luego volver a la obscuridad de los ojos físicos. No me fue difícil aceptar tal condición, pues simplemente era la expresión de un estado interno, del cual soy consciente desde el inicio de mi búsqueda.

Luego el ingreso a la ceremonia, ella me dio la impresión de una jerarquía en el acto del conocimiento, la posesión de unas llaves en manos de quienes les es propio poseerlas, y transmitidas por aquellos a quienes les es propio transmitirlas, como guardianes de una forma, que encierra un profundísimo fondo.

Fui sometido a más pruebas todas ellas con diferente significado, pero que dejan en la mente la misma impresión de debilidad y vulnerabilidad. No es malo tal sentimiento, siempre que se convierta en el impulso necesario para abandonarlo por siempre.

Finalmente me fueron devueltas todas mis posesiones, incluso la compostura. Vestirse bien, tomar las posesiones y arreglarse. Parecía que las mayores pruebas ya habían pasado. Luego la luz, la maravillosa y fulgurante luz, en un acto simbólico y a la vez irónico, puesto que no era más una lluvia de fotones en las retinas, tan solo para divisar el lejano camino desde las columnas hasta el oriente.

En lo sucesivo, instrucción: el saludo, el signo, la palabra…

Ya soy aprendiz masón, y me da la impresión de que nunca dejaré de serlo.

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